jueves, 9 de enero de 2014

FERRARA, EL FEUDO DE LA CASA DE ESTE


Cuando el viajero llega a Ferrara durante el estío, experimenta una sensación de calma y sosiego. La ciudad se encuentra casi abandonada por sus propios moradores, en pleno apogeo vacacional, apenas interrumpida esa tranquilidad por los ocasionales turistas que se concentran en torno al Castello Estense y a la Piazza Municipale, principalmente.

La climatología de tipo mediterráneo ayuda favorablemente a mantener esa impresión de bienestar, dado que durante la canícula las temperaturas son suaves, propias de esta latitud cercana ya al norte de la Península Itálica.

Aquellos que, como en mi caso, llegan de regiones más meridionales, agradecen los soleados días cuyas máximas no suelen superan los 30º C.



Vista panorámica de la ciudad desde lo alto del Castello.

Ferrara es una pequeña población de unos 130 000 habitantes, pulcra y segura. Capital de la provincia homónima, se ubica en el corazón de una fértil llanura regada por el río Po, en la región de Emilia-Romaña, entre el Véneto y la Toscana.

Esta ciudad acuática, ligada intrínsecamente al Po, se rodea de una red de canales que se extienden hasta la desembocadura de dicho río, que forma un delta en el Mar Adriático.

Próxima a Rávena, Bolonia y Módena, comparte con ellas un trazado medieval y renacentista de singular belleza, que la ha llevado a ser reconocida como Patrimonio Mundial de la Humanidad.


Vista aérea del Castello Estense.

Su estructura urbana data del s. XIV, diseñada casi íntegramente por el arquitecto de transición gótico-renacentista Biaggio Rossetti, que la convierte en la primera ciudad moderna de Europa y quien también fue autor de la mayoría de los palacios que, en cantidad ingente, bordean calles y plazas. Aunque todavía perviven tortuosos callejones que se remontan a época bajomedieval.

Detalle del blasón de los Este, que orna el muro del castillo.
La historia de Ferrara se halla íntimamente ligada a la Casa de Este, nobles italianos de origen lombardo que la gobernaron desde el s. XIII al XVI. Siendo feudo de los Este, fue como alcanzó su mayor esplendor, ya que el auge económico la llevó a renovarse y modernizarse bajo las expertas manos del ya mencionado Biaggio Rossetti, que trabajó por encargo de esta poderosa familia.
Los Este, que emparentaron incluso con los tristemente célebres Borgia mediante el matrimonio de uno de sus duques más prominentes, (Alfonso I de Este con Lucrecia Borgia), pactaron con emperadores y monarcas europeos y también tuvieron sus tiras y aflojas con el papado, de quien eran feudatarios.
Castello Estense. Interior. Fresco de la Sala de la Aurora.
Fueron mecenas de las artes y las letras y durante el mandato del ambicioso Alfonso I, la corte de Ferrara se convirtió en la más brillante de Europa. Auspició a literatos, escultores y pintores como los celebérrimos Ariosto, Petrarca, Bellini y Tiziano. Unieron su destino al de Milán gracias a las nupcias de Beatriz de Este, (hermana de Alfonso I) con Ludovico Sforza, llamado comúnmente, Ludovico el Moro, duque de Milán y mecenas de Leonardo da Vinci.

Años más tarde, el poeta Torcuato Tasso también recibió mecenazgo por parte de Marfisa de Este.

Alfonso II de Este muere sin descendencia y son los Estados Pontificios quienes pasan a controlar Ferrara política y económicamente, al declararla feudo vacante. Otras ramas de la familia Este abandonan la ciudad y se establecen en la vecina Módena. Comienza así el declive de la otrora próspera localidad.
Castello Estense. Fresco del camerino de Alfonso I de Este.

Paradógicamente, su paulatino abandono contribuyó a su ulterior conservación. El hecho de que no hubiese una continuidad en el levantamiento de nuevas edificaciones ha permitido la homogeneidad de su casco histórico y la preservación intacta de su patrimonio. En virtud de ello, actualmente podemos admirar numerosísimas construcciones renacentistas y en menor medida, góticas.

Castello Estense. Fresco de la bóveda de la Saleta de los Juegos, con escenas pugilísticas propias de una palestra romana.

Éstos son sus monumentos más importantes:

Vista del Castello Estense y el foso que lo rodea.
El Castillo Estense o de San Michele, situado en el centro de la ciudad, fue la residencia de los Este, rodeado por un foso que en la actualidad se encuentra inundado de agua y ornamentado con varios surtidores a modo de fuentes. De imponentes dimensiones y fábrica de ladrillo, su interior se decora con bóvedas pintadas con frescos renacentistas.

La marmórea portada principal del Duomo o catedral.

La Catedral o Duomo, de estilos románico y gótico lombardo, presenta una fachada de mármol, decorada con trabajadas esculturas de indescriptible belleza. La acompaña un "campanile" exento del s. XV.

Quien suscribe estas líneas, posando en la Piazza Trento e Triste, con el Palazzo Comunale detrás y el Duomo a un flanco.

Palazzo Comunale, la broncínea estatua ecuestre de Borgo de Este.

Frente al Duomo se alza el Palacio Comunal o actual Ayuntamiento, que en su día constituyó el antiguo Palacio de los Este y que perdió su utilidad como tal en favor del Castillo, que fue reacondicionado en el s. XVI para uso residencial.


El Duomo o Catedral. Flanco lateral de la Piazza Trento e Triste, con las antiguas tiendas que ocupan los bajos de la catedral y el campanile exento al fondo.
Al otro lado de la Catedral se encuentra la Plaza Trento e Triste, flanqueada por varios palacios y por el propio "Duomo", en cuyo lateral se levanta un pórtico que aún hoy en día acoge pequeñas tiendas, ya que formaba parte del antiguo mercado.


La Judería. La "Via Mazzini" y la única sinagoga que queda en pie.
La Judería, que es un barrio adyacente a la anteriormente citada plaza, contaba con tres sinagogas, de la cual sólo se conserva una, las otras dos fueron destruidas durante la II Guerra Mundial.

El Palazzo dei Diamanti, ocupado actualmente por la Pinacoteca Nacional.

El Palazzo Prosperi Sacrati.


EL Palazzo Giulio d'Este, en el Corso Ercole d'Este.

El Palazzo Bevilacqua Costabili, s. XV, actual Facultad de Economía.


La Palazzina di Marfisa d'Este, s.XVI, en el Corso della Giovecca.



Palazzina di Marfisa d'Este. Interior. Una de las chimeneas.

A continuación mentaré algunos de los palacios más relevantes, si bien Ferrara se encuentra ampliamente jalonada de ellos: el de Ludovico el Moro o Palazzo Costabili, el Schifanoia, el Massari, el dei Diamanti, la Palazzina di Marfisa D'Este… y otras mansiones de menor envergadura sin menoscabo de su magnificencia, como las de Varano da Camerino, Mattei, Giulio D'Este, Turchi di Bagno, Prosperi Sacrati, Trotti Mosti, Guarini Giordani


La Casa Romei, del s. XIV.

Interior de la Casa Romei, decorada con frescos y bellos artesonados de madera.



La Casa de Ariosto, el famoso poeta que escribió el poema épico Orlando Furioso.



La Casa del arquitecto renacentista Biaggio Rosetti.


La Cartuja e Iglesia de San Antonio in Polesine.


La Casa de Ariosto, la Casa Romei, numerosas iglesias como la de Santa Maria in Vado y la de San Cristoforo e Certosa, el Monasterio de San Antonio in Polesine y las Murallas con sus puertas, también constituyen monumentos imprescindibles.


Palazzo Costabilli o de Ludovico il Moro, s. XV, actual Museo Arqueológico.

Si se desea una visita cultural más completa, existen varios museos a disposición del viajero: el Museo Arqueológico, instalado en el Palacio de Ludovico el Moro, con su colección de arte etrusco y sus magníficos frescos originales, el Museo Cívico, en el Palacio Schifanoia, también con inigualables frescos renacentistas, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo F. de Pisis, ubicado en el Palazzo Massari, la Pinacoteca Nacional, que ocupa el Palacio de los Diamantes, el Museo Hebraico y para los amantes del séptimo arte, el Museo Michelangelo Antonioni, sito en la casa familiar del famoso cineasta.


Palazzo de Ludovico el Moro, fresco de la bóveda de la Sala del Tesoro.
Como consejo personal, añadiré que puede ser suficiente una jornada completa para visitar esta ciudad, pero para efectuarla de una forma más holgada y para no dejarse nada "en el tintero", recomendaría dos días o como mínimo, día y medio.

Patio del Palazzo Costabili o de Ludovico il Moro, actual Museo Arqueológico.
Un local a tener muy en cuenta a la hora de tomarse un delicioso vino o un aperitivo, se encuentra situado al lado de la Catedral, frente a su flanco izquierdo. Su nombre es "Enoteca del Corso".
En esta región de Emilia-Romaña tienen la encomiable costumbre de obsequiar al cliente que demanda una bebida, con todo aquello que desee degustar de cuanto se expone sobre la barra del bar: porciones de pizza, pasta, ensaladas, pescadito frito... Se puede llenar un plato de plástico o papel, (de tamaño grande), con esas viandas, las veces que el apetito requiera. Las consumiciones son algo más caras de lo normal, unos 3 € un vino, (servido en copa alta y con mucho estilo por parte del sumiller) y 5 € un Campari o Martini. Pero a cambio de ese precio, uno puede "almorzar", "merendar o "cenar" sin cortapisas.
Esta enoteca es un pequeño bar de moda, con música a la última y clientela local joven pero selecta, que pierde su "charme" para atiborrarse como los demás en su minúscula y concurrida terraza, con magníficas vistas del Duomo y su plaza.

La escalera del Palazzo Costabili o de Ludovico il Moro.

En la judería, al comienzo de la “Via Mazzini”, (cercana a la Catedral), se halla una heladería cuyo nombre desafortunadamente no recuerdo y en donde he probado quizás los helados más exquisitos de toda Italia. Llama la atención el modo en que los sirven y una especialidad sabrosa como la que más: la "granita siciliana", un granizado del cual existen tres sabores diferentes. El mejor, para mi gusto, el de almendra.

Palazzo di Ludovico il Moro, Museo Arqueológico. Cerámica griega: pelike y crátera de cáliz.

Y para finalizar, una sugerencia sobre el alojamiento. Si se desea un hospedaje digno pero económico, el Hotel Della Ville, ubicado justamente frente a la Estación Central de Ferrocarril, es muy aconsejable. Un cuatro estrellas cómodo, limpio, acogedor y bien decorado, que ofrece habitaciones dobles en pleno mes de agosto por unos 60 €. Con baño, aire acondicionado, minibar, TV, radio, secador de cabello…desayunos, (muy buenos, por cierto) e impuestos incluidos.
Este establecimiento fue reservado con uno de los mejores mayoristas italianos de viajes vía Internet:
“venere.com”. Aunque es de suponer que también se podrá conseguir a un precio similar con otros operadores. Desde el hotel se puede ir a pie perfectamente hasta el casco histórico, pero si no se desea caminar, frente al hotel, delante de la Estación, parte un bus que recorre todo el centro. Los billetes se compran en un estanco cercano.


Una de las puertas abiertas en la muralla de la ciudad.



Espero que todos estos datos y recomendaciones sean de alguna utilidad para quienes prevean viajar hacia esta hermosa ciudad de ladrillo rojizo. Ferrara, la bella desconocida, el feudo de los Este.
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CIUDAD DE TÚNEZ V (Carthage), Ruinas de Cartago I.

"Dido enseña Cartago a Eneas", Claude Lorrain (s. XVII), Kunsthalle, Hamburgo.


El barrio de “Carthage” se ubica a 17 Km al sudoeste (pasando por La Goleta),  del centro de la capital tunecina y constituye el suburbio más elegante de cuantos la rodean, no en vano en él se encuentran el Palacio Presidencial y la sede de numerosas embajadas, así como las mansiones de la clase más adinerada.

De calles apacibles, bordeadas de buganvillas, eucaliptos y palmeras, es, además, el lugar más visitado de la Ciudad de Túnez, pues en sus inmediaciones se hallan las ruinas de la que fuera una de las grandes civilizaciones y potencias de la antigüedad: Cartago.

Si bien, la mayor parte de cuanto se ha excavado pertenece al periodo romano y no al púnico, puesto que, según cuenta la historia y también la leyenda, Roma destruyó por completo Cartago, arando incluso con sal sus otrora fértiles tierras tras la Tercera Guerra Púnica.  Lo que quizás no se sepa demasiado es que la propia Roma, poco tiempo más tarde, resucitó Cartago como un ave fénix y que los campos recuperaron su fecundidad y las ciudades su esplendor, pasando a convertirse en el granero que surtía de trigo a la metrópoli y formando parte de la Provincia Romana del África Proconsular.


"Eneas cuenta la caída de Troya a Dido", Pierre Narcisse Guérin  (s. XVIII), Museo del Louvre, París.


Una leyenda más antigua, recogida por el poeta romano Virgilio en “La Eneida”, narra la fundación de la propia Cartago por una princesa de la ciudad fenicia de Tiro, Dido, también llamada Elisa, tras huir con su hermana menor y su corte de doncellas, después del asesinato de su esposo Siqueo a manos de su hermano Pigmalión, rey de Tiro. Dido arribó en la costa de lo que después sería Cartago y allí solicitó hospitalidad y tierras al rey Jarbas, jefe de los gétulos, una tribu libia. Éste prometió concederle toda la tierra que pudiese abarcar con una piel de buey y Dido demostró  ser una mujer muy inteligente al hacer cortar la piel en tiras muy finas, que unió ente sí, y con ellas rodeó la colina de “Byrsa”, que en griego significa “buey”, fundando en este lugar la ciudad de Cartago. La misma leyenda cuenta de los amores que esta primera soberana cartaginesa mantuvo con Eneas, un heroico príncipe huido de Troya tras su destrucción por parte de los griegos, y que tiempo después la abandonaría para acabar fundando Roma, causando el suicidio de la reina, lo cual explicaría, en términos legendarios, el odio secular que cartagineses y romanos se profesaron mutuamente.

De la Cartago púnica  (que es como los romanos denominaban a los cartagineses), pocos restos quedan, pero de la ulterior reconstrucción de la ciudad, como parte integrante de la provincia romana de África, sí que podemos admirar ruinas, diseminadas en un amplio radio y ubicadas en este barrio residencial.

La visita se suele comenzar  por las Termas de Antonino y el yacimiento arqueológico circundante, que ocupa unas cuatro hectáreas y linda con el Palacio Presidencial, el cual está terminantemente prohibido fotografiar.

La entrada se encuentra en la zona de las Termas de Antonino  (lugar que dispone de aseos) y permanece abierta de 8 a 19 horas en verano y de 8,30 a 17 en invierno. La entrada es de pago y es posible adquirir una entrada conjunta que permite visitar varias ruinas, monumentos y museos, en el plazo de unos días, por un precio más reducido.

El parque arqueológico se compone de senderos  cruzados según los antiguos “Cardo” y “Decumanus Maximus”, pero enmarañados con la vegetación y con las ruinas dispersas entre la misma. En esta primera entrega se mostrará sólo el área aledaña a la entrada.

Franqueando la citada entrada, a la izquierda,  podremos ver una capilla funeraria de tipo hipogeo (subterránea), de época paleocristiana (s. IV), perteneciente al abad Asterius. Formada por una bóveda de cañón, consta de ábside y posee un mosaico pavimental con motivos geométricos y zoomórficos.


Ruinas de Cartago, Parque de las Termas de Antonino. Capilla de Asterius.
Capilla de Asterius, loseta de terracota con un león que decora la entrada.
Capilla de Asterius, interior de esta capilla funeraria.
Capilla de Asterius, interior, con el pavimento musivo. 
Capilla de Asterius, interior, detalle del ábside.
Más al suroeste, siguiendo un sendero delimitado por palmeras, se encuentra la llamada “escuela”, aunque también podría tratarse de una villa del s. IV d.n.e. (los expertos no se ponen de acuerdo). En estas ruinas se pueden observar los restos del peristilo o patio central ajardinado, y también su atrio trifoliado  (con forma de trébol), donde antes había un interesante mosaico pavimental que ha sido trasladado al Museo del Bardo.

 La escuela, del s. IV d. n.e.

Otra vista de la escuela.
La escuela vista desde el flanco norte.


 Al noroeste de la escuela o villa, había dos basílicas paleocristianas o bizantinas, de las cuales sólo se conservan restos apreciables de una de ellas, la de Dermech I, del s. IV también. Se distingue fácilmente por los fustes de sus columnas. Estaba formada por cinco naves y poseía un baptisterio anexo.  Se han encontrado vestigios de otra basílica dentro de este parque arqueológico y se sospecha de la existencia de una cuarta. De hecho, se sabe que en la Cartago cristianizada existían veintidós basílicas.


Basílica paleocristiana de Dermech I, s. IV.
Basílica paleocristiana de Dermech I, compuesta de cinco naves y ábside.
Basílica paleocristiana de Dermech I, vista del  ábside.
Basílica de Dermech I, vista del ábside desde los pies del templo.
Basílica paleocristiana o bizantina de Dermech I, vista del baptisterio.


Ascendiendo hacia el norte se halla la necrópolis púnica, con sepulturas muy antiguas, del s. VIII a.n.e. (antes de nuestra era), si bien la mayoría datan de los siglos VII y VI a.n.e. Muchas de las sepulturas son hipogeos, panteones subterráneos compuestos de grandes bloques pétreos o de fosas donde descansaban los sarcófagos de piedra o los ataúdes de madera. La necrópolis se extiende por un área bastante extensa, si bien se concentra sobre todo entre la intersección del cardo XVI con el decumanus IV. La mayor parte de las sepulturas contenían ajuares funerarios de cerámica, máscaras y estatuaria, que se exhiben ahora en el Museo del Bardo.


Ruinas de Cartago, Parque de las Termas de Antonino. Necrópolis púnica con un hipogeo, s. VIII a. n.e.

Vista de las fosas de la  necrópolis púnica.
Un sarcófago romano en la necrópolis púnica. Este cementerio fue utilizado en época romana también.


Retornando a la zona central del yacimiento arqueológico, se verá otra capilla funeraria bizantina o paleocristiana, también subterránea y decorada con un bello mosaico pavimental, de “opus tessellatum”, con tema floral.


Ruinas de Cartago, Parque de las Termas de Antonino. Capilla paleocristiana o bizantina.

Estela funeraria en el nártex de la capilla bizantina.
Detalle del interior de la capilla bizantina, con otra estela, restos de friso y el mosaico pavimental.
CONTINUARÁ…



Adjunto enlace al vídeo de un aria de la ópera "Dido y Eneas", que he publicado en mi otro blog "Música y Poemas":


THY HAND BELINDA, (DIDO Y ENEAS), Henry Purcell





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